El liderazgo en 2025: Una introspección necesaria antes del cierre del año y las tendencias que veremos en 2026.
- Carlos Cusnier-Albrecht

- 15 oct 2025
- 13 Min. de lectura
Actualizado: 3 dic 2025
Estamos en octubre de 2025 y, aunque aún quedan tres meses para cerrar este capítulo, siento que es el momento perfecto para hacer una reflexión. No para sacar conclusiones rápidas, sino para mirar con honestidad lo que ha significado liderar en un año que, tanto en lo profesional como en lo personal, me ha puesto frente a cambios trascendentes.
He estado ausente de estas conversaciones durante varios meses. Y no porque no haya tenido cosas que decir o compartir, sino porque a veces la vida te coloca en momentos donde el liderazgo que más necesitas ejercer es contigo mismo, con tu propia vida, con las personas más cercanas a ti. Este ha sido un año en el que muchas de las conversaciones que dábamos por hipotéticas sobre el futuro del liderazgo se convirtieron en experiencias de nuestro día a día.
Ahora que regreso, lo hago con una perspectiva diferente. Este 2025 me ha hecho ver el liderazgo desde un lugar más humano, más vulnerable, más real.
Que liderar no es solo tomar decisiones o marcar el rumbo, sino también mostrar afecto, cuidar del tiempo propio y de los demás. Los que me conocen saben que he vivido una pérdida personal que me ha afectado profundamente, y hay días en que el peso de eso se siente agotador. Sin embargo, a pesar de todo, no me he rendido: he seguido acompañando, enseñando y compartiendo con quienes confían en mí, aprendiendo que liderar también es mantenerse presente incluso cuando se enfrentan desafíos personales, gestionando emociones, y tomando decisiones con claridad y responsabilidad.
El año en que la adaptabilidad se convirtió en supervivencia
Todos hemos hablado durante años sobre la importancia de la adaptabilidad. La incluimos en nuestras descripciones de puesto, la evaluamos en entrevistas, la mencionamos en reuniones de liderazgo. Pero si te soy honesto, creo que muchos de nosotros la tratábamos como una habilidad deseable, algo que te hacía destacar, como hablar un tercer idioma o tener un MBA.
Este año me enseñó algo diferente. La adaptabilidad no es un «nice-to-have». Es lo que te permite seguir adelante cuando todo lo que creías sólido empieza a moverse bajo tus pies. Y no hablo solo de cambios en el mercado o en la tecnología, aunque también. Hablo de esos momentos donde la vida personal y la profesional se entrelazan de formas que ningún plan estratégico contempló.
He trabajado con equipos de liderazgo que han tenido que reinventarse completamente este año. Y lo que diferencia a los líderes que están encontrando su camino de aquellos que se sienten perdidos no es la ausencia de dificultades, todas las enfrentamos por igual, sino en la velocidad con la que pueden procesar la incertidumbre, aceptar que no tienen todas las respuestas, y aun así seguir tomando decisiones y moviendo a sus equipos hacia adelante.
Los líderes que están encontrando su camino son aquellos que han aprendido a sostener la tensión entre «no sé qué pasará mañana» y «pero hoy voy a hacer lo mejor que puedo con lo que tengo».
Es un equilibrio difícil, te lo digo porque yo también lo estoy viviendo.
La inteligencia artificial: Más allá del ruido y el miedo
Si hay un tema que ha dominado cada conversación de liderazgo este año, es la inteligencia artificial. Y tengo que decirte algo con total transparencia: estoy cansado del hype. Del ruido. De las predicciones apocalípticas y de las promesas utópicas por igual.
Lo que he visto trabajando con organizaciones y con equipos de verdad que están implementando estas herramientas, es mucho más interesante y complejo que cualquier titular que leas en LinkedIn.
La adopción efectiva de IA no está viniendo de esos líderes supertécnicos que entienden cada algoritmo y cada modelo de lenguaje. Está viniendo de líderes que han aprendido algo mucho más valioso: cómo crear espacios seguros para experimentar. Cómo hacer las preguntas correctas aunque no sepas las respuestas. Cómo manejar el miedo legítimo que tu equipo siente cuando escuchan que «la IA va a cambiar todo».
He acompañado equipos que pasaron de estar aterrados pensando que la IA les quitaría el trabajo, a usarla como una herramienta que amplifica lo que solo los humanos pueden hacer bien. Y la diferencia, siempre, ha sido el liderazgo. Cómo enmarcan la conversación. Cómo reconocen el miedo sin minimizarlo. Cómo diseñan procesos de transición que honran la experiencia y el valor de las personas mientras exploran nuevas formas de trabajar.
Y déjame decirte algo que quizás suene contra intuitivo: los líderes que mejor están navegando esto no son los que están obsesionados con la tecnología. Son los que están obsesionados con su gente. Porque al final del día, la IA es una herramienta. Y las herramientas solo son tan buenas como las personas que las usan y los líderes que crean el contexto para usarlas bien.
La paradoja hermosa: Mientras más tech, más humanos necesitamos ser
Aquí es donde quiero hacer una pausa contigo porque esto me ha sorprendido genuinamente este año. En un mundo donde hablamos constantemente de algoritmos, datos, automatización y eficiencia, las habilidades que realmente están marcando la diferencia en los líderes que admiro son las más profundamente humanas.
La empatía. La capacidad de sentarte con alguien que está pasándola mal y realmente estar presente. La inteligencia emocional para leer una sala y saber cuándo hablar y cuándo callar. La ética para tomar decisiones difíciles cuando nadie está mirando. La apertura mental para cambiar de opinión cuando nueva información lo requiere.
He visto esto una y otra vez. Los equipos más cohesionados, los más innovadores, los que están prosperando en medio de toda esta complejidad, son aquellos liderados por personas que han profundizado en su humanidad, no los que la han dejado de lado en favor de ser más «estratégicos» o «eficientes».
Y la paradoja es hermosa: mientras más tecnología incorporamos, más crítico se vuelve que los líderes seamos auténticamente humanos.
Porque las máquinas pueden procesar datos, pero no pueden sostener una conversación difícil con compasión. Pueden optimizar procesos, pero no pueden crear el tipo de seguridad psicológica donde las personas se atreven a innovar de verdad.
Si este año me ha enseñado algo, tanto profesional como personalmente, es que nuestra humanidad no es una debilidad que necesitamos esconder para ser líderes efectivos. Es exactamente lo que nos permite serlo.
Ser auténtico dejó de ser inspiracional y se volvió necesario
Durante años, la autenticidad en el liderazgo era algo de lo que hablábamos en conferencias motivacionales. “Sé tú mismo”. “Lidera con el corazón”. Frases lindas que poníamos en posters, pero que, seamos honestos, muchos líderes no sabían cómo llevar a la práctica sin sentir que estaban arriesgando su credibilidad.
Este año, algo cambió. La autenticidad dejó de ser aspiracional y se convirtió en una necesidad práctica de supervivencia organizacional.
Los líderes que están construyendo culturas que pueden sostener los momentos difíciles son aquellos que se han atrevido a bajar la guardia. Que comparten no solo sus victorias, sino también sus procesos, sus dudas, sus días malos, sin sentir que están perdiendo autoridad.
Y sabes qué he descubierto trabajando con ejecutivos en este proceso, esa vulnerabilidad no los hace parecer débiles. Los hace humanos. Los hace accesibles. Los hace líderes a quienes las personas quieren seguir, no porque tengan un título, sino porque son de carne y hueso.
En mi propia vida, este año me ha forzado a practicar esta autenticidad de formas que nunca elegí, pero que han sido una lección de vida. He tenido que liderar talleres y conferencias mientras procesaba situaciones personales complejas. Y he aprendido que puedes ser profesional sin ser robótico. Puedes mantener tus compromisos sin pretender que todo está perfecto. Puedes liderar con excelencia mientras reconoces que también estás siendo humano al mismo tiempo.
Las personas de 2025 tienen un detector de autenticidad muy fino. Especialmente las generaciones más jóvenes en nuestros equipos. No siguen títulos por inercia. Siguen a personas que lideran con integridad, que son consistentes entre lo que dicen y lo que hacen, especialmente cuando hacerlo es incómodo.
El reto continuo de liderar equipos que ya no están en el mismo lugar
Hablemos de algo que sigue siendo complicado: liderar equipos híbridos o completamente remotos. Y aquí voy a ser directo contigo, después de todos estos años, esto sigue siendo difícil. No porque sea técnicamente complicado hacer un Zoom o compartir archivos en la nube. Eso es lo fácil.
Es difícil porque requiere que reimaginemos completamente cómo se construye cultura. ¿Cómo fomentas esas conversaciones casuales que terminan generando las mejores ideas? ¿Cómo sabes cuándo alguien en tu equipo está luchando, si no los ves cara a cara todos los días? ¿Cómo desarrollas confianza profunda cuando la mitad de las interacciones son a través de una pantalla?
Los líderes que están encontrando maneras efectivas de hacer esto no son los que intentan replicar la oficina en digital. Son los que han aceptado que este es un medio diferente y requiere diseñar intencionalmente experiencias diferentes.
He trabajado con equipos distribuidos en diferentes zonas horarias que tienen más cohesión y sentido de propósito compartido que equipos que comparten el mismo piso de oficina. La diferencia siempre está en la intencionalidad del líder. En crear rituales que importan. En diseñar momentos de conexión auténtica que van más allá de “¿cómo estuvo tu fin de semana?”, al inicio de cada call. En usar la tecnología como amplificador de relaciones humanas, no como sustituto de ellas.
Pero te voy a ser honesto, esto requiere más energía, más creatividad, más atención constante que cuando todos estaban en la misma sala. Y a veces es frustrante. Y está bien reconocer eso también.
Cuando el propósito y la sostenibilidad dejan de ser palabras y se vuelven decisiones
Algo interesante está pasando con el tema de propósito organizacional y sostenibilidad. Finalmente, después de años de que fueran básicamente ejercicios de branding corporativo, están empezando a ponerse en práctica.
Los líderes que están atrayendo y reteniendo el mejor talento son aquellos que pueden articular, con claridad y sin filtros de marketing, cómo su organización está contribuyendo a resolver problemas reales que afectan a personas reales. Y no te hablo de declaraciones de misión bonitas enmarcadas en la recepción. Te hablo de decisiones operativas concretas.
He visto organizaciones cambiar proveedores, aunque les costaba más porque el impacto ambiental justificaba el costo adicional. He visto líderes rechazar oportunidades de negocio lucrativas porque no estaban alineadas con los valores que habían declarado públicamente. He visto equipos ejecutivos sacrificar márgenes de ganancia a corto plazo para invertir en el bienestar de sus comunidades locales.
Y aquí está lo fascinante: esas mismas organizaciones están reportando mejores niveles de compromiso, menos rotación, y más creatividad e innovación en sus equipos. Porque cuando las personas sienten que su trabajo diario está conectado con algo que importa más allá del siguiente reporte trimestral, aparece una energía diferente.
No estoy siendo ingenuo. Sé que no todas las organizaciones pueden hacer esto. Sé que hay presiones reales de inversionistas, de la competencia, del mercado. Pero también sé que los líderes tenemos más influencia de la que a veces nos permitimos reconocer. Y las pequeñas decisiones consistentes en la dirección correcta eventualmente se convierten en cultura.
El aprendizaje como forma de vida, no como evento anual
Una cosa que he notado en los líderes más efectivos con los que trabajo es que han dejado de tratar el desarrollo como algo episódico. Ya no es “voy a tomar un curso en marzo” o “tengo mi conferencia anual en septiembre”. Han convertido el aprendizaje en un ejercicio diario, casi como un ritual.
Leen con intención. Experimentan con humildad. Piden feedback aunque sea incómodo. Reflexionan sobre sus patrones de decisión. Ajustan basándose en lo que aprenden. Y luego repiten el ciclo.
Y lo interesante es que este aprendizaje ya no se trata solo de acumular más conocimientos técnicos o certificaciones. Se trata cada vez más de cultivar sabiduría práctica. Esa capacidad de leer contextos complejos. De tomar decisiones con información incompleta y sentirte en paz con eso. De navegar dilemas éticos donde no hay una respuesta correcta obvia y todas las opciones tienen trade-offs.
Los mejores líderes que conozco se dan permiso de estar en ese proceso continuo sin presionarse a tener todo resuelto.

Cinco tendencias de liderazgo que están tomando forma para 2026
Ahora déjame compartir contigo lo que estoy viendo en el horizonte. Trabajo con organizaciones que ya están preparándose para 2026, y hay cinco tendencias específicas que están tomando forma más definida. No son predicciones sacadas de una bola de cristal, son patrones que ya estoy observando en las conversaciones y decisiones estratégicas de líderes que suelen estar un paso adelante.
1. La personalización del liderazgo: Dejando atrás la receta única
Creo que 2026 va a ser el año en que finalmente dejemos de buscar ese estilo de liderazgo perfecto que funciona para todos. Esa idea de que existe una fórmula única que si la copias, todo funcionará.
Los líderes más efectivos que veo emerger son aquellos que están aprendiendo a adaptar su enfoque no solo a diferentes situaciones, sino a diferentes individuos dentro de sus equipos. Porque resulta que lo que motiva a María no es lo que motiva a Juan. Lo que hace sentir valorado a un miembro del equipo puede hacer sentir controlado excesivamente a otro.
Este liderazgo personalizado requiere algo que muchos líderes no hemos desarrollado lo suficiente: la capacidad de observar profundamente a cada persona, de hacer preguntas mejores, de ajustar nuestro estilo sin perder nuestra autenticidad. Es un arte delicado, pero es hacia donde nos estamos moviendo.
2. La IA como compañera de pensamiento, no solo, como herramienta de ejecución
Si 2025 fue el año de integrar IA en nuestras operaciones, 2026 será el año en que empecemos a relacionarnos con ella de forma diferente. Ya no solo como una herramienta que ejecuta tareas más rápido, sino como una especie de compañera de pensamiento que puede cuestionar nuestras ideas, proponer alternativas que no habríamos considerado, y ayudarnos a ver patrones que se nos escapan.
Esto va a requerir que desarrollemos nuevas habilidades. Cómo colaborar con sistemas de IA de maneras que amplifiquen nuestra creatividad humana sin reemplazar nuestro juicio. Cómo hacer las preguntas correctas. Cómo saber cuándo confiar en lo que sugiere y cuándo ir en contra de ello.
Apenas estamos empezando a entender esto, y va a requerir mucha experimentación y también muchas conversaciones éticas sobre límites y responsabilidades.
3. El liderazgo regenerativo: Más allá de solo hacer menos daño
Aquí es donde se pone interesante. Hemos hablado de sostenibilidad durante años, que básicamente se trata de reducir el daño que hacemos. Pero estoy viendo aparecer algo más ambicioso: líderes que están diseñando organizaciones que activamente mejoran los sistemas en los que operan.
No se trata solo de reducir emisiones de carbono. Se trata de una filosofía más profunda de dejar todo en mejores condiciones de lo que lo encontraste. Las comunidades donde operas. Los ecosistemas naturales que tocas. Las personas que trabajan contigo y para ti.
Es un estándar más alto. Y probablemente sea más difícil de alcanzar. Pero es hacia donde necesitamos movernos si realmente queremos que nuestras organizaciones sean fuerzas positivas en el mundo.
4. Gestionar la complejidad sin simplificarla falsamente
El mundo se está volviendo más complejo, no menos. Y 2026 va a demandar líderes que puedan sostener esa complejidad sin caer en la tentación de simplificarla excesivamente solo para sentirnos más cómodos.
Esto significa desarrollar lo que yo llamo, tolerancia productiva a la ambigüedad. La habilidad de mantener múltiples perspectivas en tu mente simultáneamente. De tomar decisiones sin tener certeza completa. De cambiar de dirección cuando nueva información lo requiere sin sentir que estás siendo inconsistente.
Es incómodo. Nuestra mente naturalmente busca claridad y cierre. Pero los líderes que puedan operar efectivamente en la ambigüedad van a tener una ventaja significativa.
5. La salud mental y el bienestar como diferenciador estratégico real
Finalmente, y esto me importa muchísimo, creo que 2026 será el año en que las organizaciones que han priorizado genuinamente la salud mental y el bienestar de sus líderes y equipos van a empezar a ver resultados medibles que van más allá de las métricas tradicionales.
No te hablo de tener una aplicación de meditación disponible u ofrecer días de salud mental. Te hablo de culturas que realmente entienden que el bienestar no es un beneficio adicional, es la base sobre la cual se construye todo lo demás.
Organizaciones que entienden que un líder quemado no puede liderar efectivamente. Que equipos exhaustos no innovan. Que el rendimiento sostenible requiere períodos genuinos de recuperación, no solo vacaciones que las personas pasan respondiendo emails.
Las organizaciones que lo entiendan y lo implementen realmente van a tener ventajas competitivas valiosas en atracción de talento, en retención, en innovación, y en resultados de negocio sostenibles.
Reflexiones finales: Liderando con todo lo que somos
Mientras escribo esto en octubre, con estos tres últimos meses del año mirándome desde el calendario, me quedo con algo que este año me ha enseñado de maneras que no esperaba ni busqué: liderar en esta era requiere un tipo particular de valentía.
No la valentía de tener todas las respuestas. No la valentía de proyectar una confianza inquebrantable que en realidad no sientes. No la valentía de nunca mostrar duda o vulnerabilidad.
La valentía que este momento requiere es la de mantenerte presente y comprometido, incluso cuando todo se siente incierto. La valentía de ser auténticamente humano mientras navegas situaciones complejas. La valentía de hacer las preguntas difíciles, incluso cuando no estás seguro de querer escuchar las respuestas.
Los líderes que van a prosperar en los próximos años no van a ser necesariamente los más rápidos en adoptar cada nueva tecnología que aparezca. No van a ser los que tienen los planes más impresionantes. Van a ser aquellos que pueden mantener su humanidad esencial mientras todo cambia alrededor. Que pueden sostener esperanza realista mientras reconocen los desafíos reales que enfrentamos. Que pueden construir culturas donde las personas no solo sobreviven el cambio constante, sino que encuentran maneras de crecer a través de él.
Este 2025 me ha recordado que el liderazgo no se trata de elegir entre cosas que parecen opuestas. Entre ser estratégico y ser empático. Entre usar tecnología y mantenerse humano. Entre ser fuerte y ser vulnerable. Se trata de integrar todo eso de maneras que honran la complejidad de este momento histórico que nos toca vivir.
Y mientras me preparo para cerrar este capítulo y abrir el próximo, tanto en mi práctica profesional como en mi camino personal, mi invitación para ti es simple, pero profunda: no esperes a tener claridad total para empezar a moverte hacia donde sabes que necesitas ir.
El liderazgo que este momento requiere se construye en el movimiento. En la experimentación valiente pero reflexiva. En el aprendizaje que viene de hacer las cosas, observar honestamente qué pasa, y ajustar. En la voluntad de crear espacios donde las personas puedan desarrollar su potencial mientras contribuimos juntos a resolver los problemas más significativos que enfrentamos.
El futuro del liderazgo no está esperando a que alguien lo descubra. Lo estamos construyendo ahora, con cada decisión que tomamos incluso cuando dudamos, con cada conversación difícil que elegimos tener en lugar de evitar, con cada persona en nuestro equipo a quien dedicamos tiempo y atención real, y con cada sistema que tenemos el coraje de reimaginar desde sus fundamentos.
Y eso es tanto un privilegio como una responsabilidad. Una que espero que llevemos con la seriedad que merece, pero también con la compasión hacia nosotros mismos que necesitamos para sostenerla a largo plazo.
Porque al final del día, los mejores líderes no son aquellos que nunca se cansan, nunca dudan, nunca luchan. Son aquellos que hacen todo eso y aun así se presentan al día siguiente, dispuestos a seguir intentando, a seguir aprendiendo, a seguir liderando con todo lo que son.
¿Qué tendencias de liderazgo has observado en tu organización durante este 2025? ¿Cómo te estás preparando para navegar los desafíos que ya se perfilan para 2026? Me interesa genuinamente conocer tu perspectiva y aprender de tu experiencia. Déjame tus reflexiones en los comentarios aquí abajo. Y si este artículo resuena contigo o crees que puede ser valioso para algún colega o líder en tu red, te invito a compartirlo. Estas conversaciones se enriquecen cuando más voces se suman a la reflexión.
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